JARDÍN EN VALDEMARÍN

MADRID

40° 28'22.01''

Este maravilloso jardín familiar, nace en estrecho diálogo con la arquitectura de Nacho Vicens, prolongando hacia el exterior su orden, sus proporciones y su carácter sereno.

La propuesta se articula a partir de dos maneras complementarias de habitar el paisaje. Junto a la vivienda, el jardín adquiere un carácter más formal y arquitectónico: grandes superficies de césped, recorridos precisos, muros bajos y una piscina de geometría contenida construyen una secuencia clara que amplía los espacios de la casa y acoge la vida cotidiana y familiar. La vegetación acompaña aquí la estructura del edificio, reforzando ejes, perspectivas y transiciones, y aportando profundidad a la composición.

A medida que el jardín se aleja de la arquitectura, el trazado se vuelve más libre y la plantación gana protagonismo. Cipreses, arbolado ligero, lavandas, perovskias, gramíneas y masas arbustivas construyen un paisaje más espontáneo, cambiante y sensorial, atravesado por pequeños recorridos y espacios de estancia. Entre ellos, un jardín más íntimo, vinculado al dormitorio principal, se concibe como un lugar recogido para la lectura y la pausa.

La experiencia del jardín se construye, sobre todo, desde la armonía entre sus elementos: la proporción de los espacios, la continuidad de las líneas, el equilibrio entre masas vegetales y vacíos, y una paleta cromática contenida en verdes, violetas, grises y dorados. La luz recorre el jardín de manera distinta a lo largo del día, acentuando texturas, reflejos y transparencias, y haciendo que cada ámbito se perciba con una intensidad diferente.

La serenidad del jardín procede de la precisión con la que se relacionan escala, materia, vegetación y luz. Cada elemento encuentra su lugar dentro de una composición equilibrada, donde las proporciones construyen continuidad y las variaciones de textura y color introducen profundidad sin alterar la claridad del conjunto. El resultado es un paisaje de lectura pausada, en el que la experiencia se construye a través de secuencias, perspectivas y transiciones sutiles, siempre ligadas a la arquitectura y a la manera de habitar la casa.

This wonderful family garden was conceived in close dialogue with the architecture of Nacho Vicens, extending its order, proportions and serene character into the landscape.

The proposal is structured around two complementary ways of inhabiting the garden. Close to the house, the landscape takes on a more formal and architectural character: generous lawns, precise paths, low walls and a restrained geometric pool create a clear sequence that extends the living spaces of the house and accommodates everyday family life. Here, the planting reinforces the structure of the building, strengthening axes, views and transitions while adding depth to the overall composition.

As the garden moves away from the architecture, the layout becomes freer and the planting takes on a greater presence. Cypress trees, light-canopied trees, lavender, perovskia, ornamental grasses and layered shrub planting create a more spontaneous, changing and sensory landscape, articulated by small paths and places to pause. Among them, a more intimate garden connected to the master bedroom provides a secluded setting for reading and retreat.

The experience of the garden is shaped above all by the harmony between its elements: the proportion of the spaces, the continuity of lines, the balance between planted mass and open ground, and a restrained palette of greens, violets, greys and golden tones. Light moves through the garden differently over the course of the day, revealing textures, reflections and transparencies, and giving each space its own particular intensity.

The serenity of the garden comes from the precision with which scale, material, planting and light are brought together. Each element occupies a measured place within a balanced composition, where proportion creates continuity and subtle shifts in texture and colour add depth without disturbing the clarity of the whole. The result is a landscape that unfolds slowly, through sequences, views and delicate transitions, closely connected to the architecture and to the way the house is lived.